jueves, 23 de agosto de 2007

Lluvia


Hoy casi parecía otoño, la estación con rima consonante.
Nubarrones, fresquito, olor a mojado. Después ha salido de nuevo el sol y se ha ido todo a tomar por saco, pero durante un buen rato me he sentido de vuelta a la rutina: días unos detrás de otros que parecen el mismo, martes noche de House, proyectos que se comenzaran siempre mañana, mantita en el sofá, mirar a las montañas como si nunca hubiésemos tenido playa...
Me he sentido bien.
El siglo pasado, jugando entre amigos, nos preguntamos qué animal nos representaba. Yo lo dije sin pensar 'un oso'. Todo el mundo estuvo de acuerdo conmigo. Y es verdad que lo de hibernar me va. Lo de parecer entrañable de lejos y resultar una bestia feroz de cerca ya es otro cantar. Seguramente también (premio de lotería dilapidao en sillas de ruedas para el primero que esté de acuerdo).
La cuestión es que comienzo a pensar en las campañas de Navidad (deformación profesional), en plantearme que debería apuntarme a un gimnasio, en pensar en un montón de desayunos con los compañeros del trabajo, en que me hago un poco más viejo. En que después de tantos años, resulta que septiembre sigue siendo un nuevo curso.
Seguro que me queda alguna.

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