Es verdad que, a ratos, somos seres humanos y cosas como el cambio de estación no deberían afectarnos, pero lo hacen. No es que el otoño sea triste, pero nos prepara para el invierno, nos frena, nos dan ganas de llenar la cueva de alimentos y disponernos a pasar el invierno.
Y encima el cambio de hora, la versión humana de encenderle la luz a las gallinas para que pongan huevos cuando deberían estar durmiendo (soñarán las gallinas?).
Vamos que, para variar, estoy flojo. Hago cosillas, pero no gran cosa.

Y eso que hace un par de días enseñé dibujos y nadie me escupió. Incluso hubo quien dijo que le recordaba a Corben.

Para nada (aunque es verdad que es uno de mis ídolos y en su época le copié páginas enteras intentando ser como él).
Por cierto, desde hace ya tiempo me atrae hacer esas caras ocultas por la sombra, esas gafas relumbrando en la oscuridad, esos aspectos sombríos, amenazantes. Los psicólogos deberían ser más baratos.
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