
Las llanuras heladas de Marte se extienden ante mí. El viento gélido azota las partes de mi rostro que no he podido cubrir con las prisas. Mientras me dirijo a las montañas rojizas que contornean el horizonte pienso que lo peor aún está por llegar, cada paso un esfuerzo sobrehumano, cada centímetro un logro, cada respiración un infierno.

Coño, que no. Que tengo sofá nuevo. Y sí, cualquiera pensará que soy comprador compulsivo pero no es eso, es que me falta de tó. Sobre todo ahora que se acerca el verano y mi casa se me llena.
Y no es que me sobre el dinero, pero hace algunos meses un fallo técnico de las cabezas pensantes me dio la oportunidad de ilustrar un cuento. Y pensé que mejor que pulírmelo en el Escándalo arreglaba un poco la casa. El erial.
Y eso, que a partir de ahora veo la tele más repantingao que que un galipo en un bordillo.
Aunque fumar sobre él me da mal rollo, preveo las quemaduras. Bueno, son un par de telediarios.
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